Viaje al DF

Hace ya tres años o más que no íbamos a la Ciudad de México en plan de vacaciones. Uno que otro viaje relámpago a algún concierto, pero ninguna oportunidad de nada, porque al día siguiente a trabajar.

Por lo mismo, este viajecito me supo a gloria. Es la primera vez que de verdad siento ese "algo" de ir a México. Dicen que después de tanto tiempo de vivir en provincia ya estoy "domesticada" y por lo mismo, ya no soy ni de aquí ni de acá. Pero el hecho de decir "sí, soy de aquí, soy chilanga y qué...", ahora me llenó de orgullito.

Claro, ir en esta época del año es genial, porque digan lo que digan: sí hay menos gente que el resto del año. Además, el clima también se portó bien. No hizo ni demasiado frío ni demasiado calor. Una chamarrita en las noches y ya.

Por otro lado, siempre resulta agradable ver tantos lugares lindos, tantas plazas y museos, y aprovechar la oferta cultural que tiene la ciudad. O ir al centro y admirar las calles, casas viejas y fachadas de otros tiempos... Obviamente, todo esto hubiera sido imposible si no fuera porque los defeños salieron y nos dejaron la casa sola. 


Todavía me pregunto cómo hubieran sido las cosas si hubiera estudiado en la UNAM, por ejemplo (lo más natural, porque mi mamá estudió ahí). O cuáles serían mis rumbos a estas alturas (no creo que me hubiera quedado a vivir en Satélite). Por eso, cuando paso por las Torres, o veo los lugares que conocí en mi infancia, me va llenando la nostalgia y quiero mostrarles a mis hijos todo lo que vivía y hacía cuando tenía su edad. 

Sin embargo, no estoy diciendo que me gustaría VIVIR ahí. Eso de tengas que vivir en la zozobra o manejarte siempre con el tiempo adelantado para llegar puntual a todos lados, ya cambia la cosa y le saco. Pero siento cosquillas de pensar "ja, yo ya conocía este lugar, de chica venía aquí... ¿ustedes no?", y al mismo saber que sólo estoy de visita, que no es para siempre. Es como sentir que tienes una conexión con toda esa gente, y sin embargo, ver los toros desde la barrera. 

Ir por el periférico o Reforma y saber que todo eso te pertenece por derecho natural, por así decirlo, porque ahí naciste. Ya la frontera con el Estado de México no existe (de hecho, el famoso Toreo ya valió). Ir contándole a los niños "mira, ahorita vamos a pasar por un lugar que se llama Chapultepec. Por aquí vive el presidente.... ahora van a ver a unos soldados..." y así... o poder identificar desde un ventanal los principales edificios y tener la seguridad de que conoces de lo que estás hablando. Es como si dijeras "miren, pasen a conocer mi casa"...

Aunque por otro lado, sigo pensando que mi papá hizo bien en traernos a esta nueva ciudad, porque aquí conocí a mis mejores amigos, a mi esposo y a diferentes personas que me han marcado. Ahora tengo una nueva familia, que aunque no es de sangre, es como si lo fuera... pero eso de haberme "domesticado" no es cierto... cuando de vez en cuando me sale algún tonito tan defeño, sólo digo "lo siento, yo sigo siendo chilanga". A hueso...
Hace unos días, descubrí que mi hijo no traía su chamarra del uniforme, y recordé que no la veía desde antes de que saliera de vacaciones... Con mi querido T.O.C. (transtorno obsesivo compulsivo) me puse a buscarla y caí en la cuenta de que seguramente la había dejado en la escuela... lo cual me cayó como bomba, porque a estas alturas, recuperar algo perdido u olvidado en la escuela es equivalente a no encontrarlo nunca.

Le dije claramente "Si no buscas la chamarra en la escuela o preguntas dónde guardan las cosas perdidas u olvidadas, vas a tener que comprar la chamarra con lo que tienes ahorrado". Si lo pongo en perspectiva, a muchos les sonaría arbitrario, injusto o impositivo. La verdad es que no lo es.

Cuando el niño escuchó esto, me contestó muy enojado "No, cómprala con tu dinero, no es justo, ve al banco y la compras tú", y fue ahí donde me quedé de a seis: Nuestros hijos están acostumbrados a que todo les resolvamos; a que si se rompe algo, lo repongamos; a que si se pierde algo, lo volvamos a comprar o lo busquemos nosotros; a que si se les muere la mascota, corramos a comprar otra y a sustituirla... y así tantas cosas que los han habituado a esperar todo de nosotros sin poner nada de su parte.

Obviamente le respondí que él la había perdido (o en este caso olvidado, y por consiguiente, perdido), y que tenía que asumir las consecuencias. "Lo que no te cuesta no lo valoras".

Y de pronto me doy cuenta de que no se trata solamente de una chamarra. Son  nuestras actitudes las que han hecho de nuestros retoños un montón de niños dependientes de nosotros, egoístas y narcisistas, que sólo buscan la satisfacción inmediata, sin que tengan que esforzarse por obtener lo que quieren/ necesitan.

Un momento... no estoy diciendo que ellos sean malos y que haya que mandarlos derechito al internado (ja!), sino que con la intención de darles "aquello que tanto trabajo nos costó a nosotros", queremos ahorrarles el sufrimiento de la espera, y les proveemos de la recompensa aún sabiendo que un poco de paciencia -y por qué no decirlo, de trabajo- no les vendría nada mal.

Esto sonó a conductismo puro, ya lo sé... ya me imagino a mis hijos salivando al estilo del perro de Skinner cuando les hable de ir a McDonald's el próximo fin de semana.

La cuestión es que, y bien nos lo dicen nuestras madres, los niños de ahora tienen todo. Ya no tienen siquiera qué imaginarse las cosas, porque la televisión, las películas en 3D o sus videojuegos se las dan. Tampoco tienen que leer cuentos, cuando pueden rentar el DVD o ir al cine para ver la versión de Pixar o DreamWorks.

Claro, tampoco se trata de no aprovechar las bondades de las nuevas tecnologías y vivir en el pasado, pero si queremos hijos resilientes; que puedan  tolerar la frustración; que aprendan a esperar su turno en la vida; que sean respetuosos y valoren el esfuerzo y el trabajo, no podemos seguir en esta inercia.

Lo más fácil para que un niño deje de llorar, es una de dos: le das un zape para que se calle, o darle lo que te está pidiendo. Con la primera opción sólo estás haciendo que contenga su frustración, pero estará albergando una rabia interna que surgirá a la más mínima provocación... tú nada más espera y lo verás. Con la segunda, te estarás quitando un dolor de cabeza y las miradas asesinas de los que van pasando de encima, pero tu hijo aprenderá a que puede controlarte de la manera que él decida. Así de simple.

Yo no estoy diciendo que esto es algo fácil y a nadie nos han enseñado cómo ser padres, pero con tantos "no hagas esto", "no deberías hacer lo otro", "eso podría tener repercusiones en su educación", "son los años de formación", etc., circulando por ahí, podemos darnos una idea de por dónde ir moviendo los remos para alcanzar más o menos una luz al final del túnel.

Hay cosas muy simples que podemos ir enseñando a nuestros hijos. Por ejemplo, cuando quieren que hagamos algo en ese mismo instante "mamá, por favor, dame la leche, ya, ¡ahora!, que tengo sed", sería buen momento de explicarle que mamá sólo tiene dos manos, y las está usando para terminar de preparar la cena, así que será necesario que espere su turno. EMPATÍA Y RESPETO... ooommmm....

Cuando se emberrincha con "es que yo quiero ese osito de pelucheeeeeee, ése no lo tengo y lo quiero ahoooraaaa... O si no, ya no voy a quererte"... Pues además de querer volverte loca y además asesinar a los que se les quedan viendo y te juzgan (oh, sí... tooodos tienen una opinión sobre eso), deténte y dile algo asi como "mira, yo también quisiera muchas cosas, pero no siempre puedo comprarlas y además, sí tienes muchos peluches, cuando lleguemos a la casa los podemos buscar y podrás jugar con ellos... Y aunque tú no me quieras, para mí siempre serás mi (agregar apodo cariñoso)"... Yo sé que no siempre funciona, pero vale la pena intentarlo... y por favoooorrrr.... empezando por mí, hay que refrenar el impulso de comprarles por comprarles todo el tiempo.... se vuelve costumbre y ya no aprecian cuando uno lo hace en verdad en una ocasión especial.

Mi marido tiene una filosofía "por cada cosa que reciban (siempre y cuando sea algo innecesario, mera compra superflua), tienen que regalar algo a cambio. Ustedes deciden qué regalar, y no puede estar roto o inservible".

Debo confesar que cuando voy al super, hay una tiendita al lado por la que me doy una vuelta porque todo está a un mismo bajo precio. Cuando no hay alguna libretita, hay marcadores de princesas o super héroes; hay gomitas, cuentitos, muñecas y demás chucherías baratas.  Cuando sucumbo a la tentación, compro algo para cada uno (o más de "un" algo, a veces son dos "algos") porque pienso "Caray, para eso trabajo, para darles a mis hijos lo que quiera"... ERROR: la primera en hacer corajes cuando veo ese "algo" tirado por ahí, o roto, o sin tapa, soy yo... ¿Y qué esperabas? Tienen tantas cosas en su cuarto que ni se dan cuenta de dónde quedó la gomita esa, o el bracito de la muñeca..."Ay, mamá, pues vamos otra vez a la tienda y compramos otro"... la culpa no es de ellos, de nuevo.

La culpa seguirá siendo nuestra cuando en un futuro, siendo ya adolescentes, no puedan enfrentar una crisis o quieran que uno vaya a dar la cara con sus directores de escuela, porque simplemente no saben cómo resolver un conflicto. O cuando no se conformen con tener lo que tienen, sino que quieran algo mejor o más caro, como el de sus amigos. O cuando vengan a decirnos que los atiborramos de muchas cosas pero que como nunca les hicimos caso verdaderamente (malagradecidos, ja ja...), se irán de la casa, o a vivir con el o la novia, o simplemente encontraron un refugio en el alcohol o las drogas (bueno, esto último no sé si te lo vengan a confesar abiertamente...).

El asunto es éste: ¿recordamos todavía lo importante que era tener nuestro cuarto limpio, la tarea hecha y algún otro trabajillo doméstico terminado para tener derecho a algo? Como dije, esto no es solamente cuestión de conductismo, sino de saber que para que valoremos el esfuerzo que cuestan las cosas, hay que esforzarse realmente para entenderlo. Que yo recuerde, mis papás no me dijeron que sí a todo, al contrario... Pero gracias a que fueron constantes y consistentes con esto, pude poner todo mi empeño en "levantar" el promedio como para no perder el papel estelar en mi primera obra de teatro... y vaya que irme a estudiar desde las 7 de la mañana en la biblioteca rindió sus frutos... Eso no se me va a olvidar nunca. Y no es que seamos perfectos, pero de alguna manera ahí la vamos llevando y no andamos tan perdidos, algo hicieron bien, ¿no?

Y sin embargo, ahora que veo a mis hijos romper todo con tanta facilidad, o dejar abandonada la chamarra por ahí, o tirarse al piso para que les compre todo lo que ven, me detengo y pienso: "Ay, papá, cómo me haces falta", o "si mi mamá me viera, ya me imagino lo que diría...", o el típico "¡Dios! Estos niños me van a matar... ya no los hacen como antes"... Cuando en realidad, ellos son producto de nuestras enseñanzas, por lo menos en su primera infancia... No podemos quejarnos de lo que estamos provocando...

Y ya con esta me despido, porque by the way... hay que checar tareas y bañar niños... Mañana será otro día, y con él vendrán nuevas oportunidades de meter la pata, pero eso sí, ya una vez sabiendo que estamos metiéndola, seguirla metiendo de okis ya es total y absolutamente nuestra responsabilidad. ¡Salud!
Hay ocasiones en las que uno comienza un nuevo proyecto con muchos ánimos y expectativas, como si no tuviera tiempo o energías que dedicar a los malos pensamientos o al pesimismo. Bueno, eso no está pasando con el año que recién se inicia. No sé si será porque generalmente los primeros días del año son normalmente grises y fríos, nada propensos a generar alegría o entusiasmo; o porque tal vez la misma incertidumbre de paso a la apatía y a la total indolencia, a la falta de ánimo y a la flojera.

Este año se presenta difícil, ya que es electoral, y como tal, nos va a enfrentar con campañas repetitivas, demagógicas y poco creíbles. Va a estar difícil ver con qué novedades nos convencerán los candidatos, ya que si todo 2011 estuvieron de gira por aquí y por acá, o en FILs metiendo la pata, ahora veremos qué tan creativos se pondrán para demostrar que son mejores que sus antecesores y que el partido que representan será nuestra salvación. ¿Será el fin del PAN, después del "milagro" de Fox y de las "luchas contra el crimen" de Calderón, que nos tienen hartos y desesperanzados? ¿Habrá llegado la hora en en que el Peje de veras se ponga cuerdo y nos sorprenda con sus propuestas?, ¿o de veras estaremos preparados para que una mujer nos gobierne?

También va a ser un año difícil porque envejeceremos un poco más: donde antes no había tantas canas, ahora saldrán más; en donde aparentemente la piel se sentía tersa, ahora habrá arrugas; donde antes no se "colgaba" anda, habrá flacidez... ¿estaré así porque me acerco a los cuarenta y ni siquiera me dí cuenta en qué momento pasé de los 36 a los casi 38, que me llegaron tan de repente?

Nuestros hijos seguirán creciendo. Dejarán de ser niñitos para convertirse en adolescentes que dejarán de hacernos tantas preguntas y nos verán menos como sus héroes. Ya extrañaremos la eterna preguntadera, o el que se quieran sentar en nuestras piernas mientras estamos sentados frente a la computadora, o viendo la tele. Cosas como "¡claro que es cierto, me lo dijo mamá!", o "mamá, ¿verdad que eres la mejor de todo el mundo?", dejarán de decirse tan a menudo, para dar paso a cuestiones "más profundas" y más parecidas a "¿tú qué sabes de eso? Nunca entiendes nada"...

Siempre he querido escribir un libro. Después de haber leído a muchos autores, me parecía que teniendo las ideas, sólo era cuestión de madurarlas, anotarlas en un papelito, e irlas perfeccionando hasta que solitas hicieran párrafos completos, y luego una trama entera. Pero creo que no va a ser tan fácil. Lo mío más bien es leer los que ya existen y recomendarlos. Y yo creo que este año tampoco voy a poder intentar siquiera anotar mis pensamientos como siempre he querido.

No es que anden diciendo por ahí que este año se nos acaba el mundo, pero siento como que estamos viviendo tan a la carrera y llevados por la inercia, que ni siquiera pudimos saborear con gusto la Navidad y las fiestas decembrinas como Dios manda. Tanto planear, decorar, preparar, cocinar, reunirse, abrazarse y demás, para que la cena termine en cuestión de horas, y al día siguiente se respire un aire de abandono y apatía. Pasa como con las bodas... lo que tanto tarda uno en preparar, termina en un solo día y la vida sigue como si nada. Será a lo mejor que como Navidad cayó en domingo, se juntaron dos cosas: día festivo y la aburrición de domingo por la tarde.

Sigo pensando en que enero es el peor mes del año... todavía no dice nada de cómo será el futuro, pero nos enfrenta a la dura realidad de que más allá de todo festejo, la vida sigue su curso y no espera a nadie.

Sin embargo, como es natural en el ser humano, siempre tendemos a hacer castillos en el aire; a imaginarnos lo que haremos y con qué lo haremos; a gastarnos lo que todavía no hemos ganado, y a idealizar nuestra realidad en los próximos meses.

Hace un rato ya venía pensando en lo que quisiera que mis hijos hagan este año, "ahora que tengas ocho años...", y sin embargo, no sé ni lo que haremos mañana o pasado.

Creo que hasta este punto ya he divagado lo suficiente. Sólo quise entrar a escribir unas cuantas líneas, porque hace mucho que no escribía nada y me van a cancelar mi blog.

Ojalá pueda seguir publicando las ideas que se me vengan a la mente, aunque nadie mas que yo las lea y me autocritique después... lo único bueno es que si no me gusto, me borro y listo.

Felicidades, Divina, en este año que comienza. No te adelantes al futuro, con que vayas viviendo un día a la vez es suficiente. Tal vez puedas planear una que otra cosa, pero lo mejor será que disfrutes la vida como se te presenta, y te dejes sorprender de vez en cuando. Si has de planear algo, que sean tus clases y los fines de semana... lo demás se irá dando solo.

Salud.
Ya sé que eso resulta obvio, sobre todo en un mundo lleno de gente envidiosa y malaleche. A lo que me refiero es que me resulta muy falsa esa imagen que vemos en la tele en la que, por ejemplo, dos novios interrumpen el tráfico por besarse, o alguna otra escena en la que los demás tienen que apechugar "en nombre del amor" o de algo por el estilo, con carita de "bueno, ese beso bien valió la pena este embotellamiento, ni hablar"...

Hoy había una cola de coches esperando dar la vuelta (continua, por cierto), pero no podíamos avanzar "porque el joven que vende flores en la esquina estaba muy entretenido vendiéndoles sus hermosísimas rosas", a unos cuates en una camioneta, y nosotros con prisa, esperándolos, a ver a qué horas se decidían, y el chavito al final, con una sonrisota de oreja a oreja, por haberse hecho la cruz con sus flores.

¿Me enojé porque tenía prisa, por amargosa, o porque el hecho de que algunos consideren que merecen ser felices en ese momento, resulta en un perjuicio para otros? ¿Tenemos que poner cara de "OK, sólo porque es super romántico regalar rosas a tu novia te pasamos ésta, eh??", o qué?

"Ay, señora, aguántese tantito, ¿qué no ve que estoy platicando con mi chava? Ahorita le bajamos a la música..." ¿Qué demonios se están pensando?

En fin, terminé con mi sesión de catarsis. Como estoy calificando composiciones, creo que por eso ando de un humor medio lóbrego.

Abúr.
Niegan que aeronave se haya salido de su trayectoria

México, 5 Nov (Notimex).- El director del Servicio de Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam), Agustín Arellano, explicó que la trayectoria, altitud y velocidad de la aeronave se encontraban dentro de las normas establecidas en los procedimientos de llegada al Aeropuerto Internacional Benito Juárez Ciudad de México (AICM), por lo cual negó que en algún momento se hubiera salido de trayectoria.
"La aeronave, explicó Agustín Arellano, cumplió con los reportes de posición autorizados con los servicios de control de tránsito aéreo".
En conferencia de prensa acompañado del secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, dijo que de acuerdo con el audio del centro de control se pudo determinar que en el espacio aéreo no hubo tráfico que impidiera la llegada de la aeronave accidentada, en la murieron el funcionario federal y otras personas.
Descartó que el piloto del Learjet 45 donde viajaba el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, hubiera hecho una llamada de emergencia al centro de control del aeropuerto capitalino.
Durante la conferencia, destacó que estos datos contenidos en la caja negra del Learjet 45 no pueden ser manipulados, porque hay códigos de seguridad en el tiempo del sistema que impiden cualquier manipulación.
Al término de la rueda de prensa, el titular de la SCT hizo un llamado de paciencia hasta conocer toda la información de la caja negra del avión, a partir de la cual se conocerá a detalle las condiciones en que se operó el vuelo.
Téllez Kuenzler especificó que el análisis de esta información llevará tiempo, "vamos a tardar en tener las investigaciones técnicas que llevan a cabo los investigadores de Aeronáutica Civil, es un proceso largo que lleva tiempo".
El funcionario federal confirmó también que la aeronave fue vigilada en todo momento por elementos de seguridad durante su estancia en San Luis Potosí, motivo de la gira de trabajo del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

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Accidente o atentado, falló la seguridad (Salvador García Soto)

Empiezan a surgir datos, hechos, evidencias de que la trágica muerte de Mouriño estuvo rodeada de graves fallas en los protocolos para los funcionarios de alto nivel
Mientras Calderón se debate entre el duelo personal de perder un amigo y la apremiante decisión de un nombramiento que será clave para lo que resta de su gobierno (que todo indica se dará hasta el viernes), muchas versiones y especulaciones campean sobre la tragedia que costó la vida a Juan Camilo Mouriño y al menos a 12 personas más, entre funcionarios y civiles.
Si bien ninguna hipótesis puede descartarse, fue el propio Presidente quien ordenó que se investigue a fondo qué pasó y abrió el abanico de causas más allá del accidente. Y así empiezan a surgir datos, hechos, evidencias de que la trágica muerte de Mouriño estuvo rodeada de graves fallas en los protocolos de seguridad obligatorios para los funcionarios de ese nivel y de los que es responsable el Estado Mayor Presidencial.
Al menos dos de esos protocolos obligatorios, especialmente en el momento de violencia por la guerra contra el narcotráfico, no se cumplieron o se relajaron de tal modo que pudieron vulnerar la seguridad de los funcionarios.
El primer protocolo que no se cumplió, a decir de expertos militares, fue el nulo resguardo que existió en el aeropuerto de San Luis Potosí, durante la llegada y el abordaje de regreso del secretario de Gobernación. En medio de una guerra declarada como la que se vive contra el narco, el Ejército debió estar cuidando en todo momento la terminal aeroportuaria, y en las imágenes que se difundieron del abordaje de regreso de Mouriño no se observa ningún resguardo militar.
Fue hasta las 20 horas del martes, una vez confirmada la muerte de Juan Camilo, que efectivos del Ejército llegaron a acordonar el aeropuerto junto con los peritos de la PGR que comenzaron a buscar evidencias en el lugar. ¿De quién fue la omisión?
La segunda falla grave de seguridad fue permitir que dos funcionarios del nivel del secretario de Gobernación y el ex fiscal antidrogas, José Luis Santiago Vasconcelos, viajaran juntos, en un mismo avión. Máxime cuando sobre el ex titular de la SIEDO pesaban conocidas amenazas de muerte del narcotráfico e incluso hubo intentos de atentados del cártel del Golfo y otros grupos del narco en al menos tres ocasiones, la más reciente el 17 de enero de este año. ¿No sabían los militares del EMP que custodiaban a Juan Camilo que eso es uno de los protocolos básicos en su labor?
El jefe de ayudantes, del EMP, Julio César Ramírez Dávalos, recién nombrado hace unas semanas cuando se cambió al anterior militar encargado de la seguridad de Mouriño, también falleció en el choque, pero alguien debió advertir del riesgo que representaba un viaje con dos funcionarios de ese nivel a bordo de la misma aeronave.
En el Estado Mayor Presidencial debieran explicar qué sucedió y por qué no se siguieron los protocolos de seguridad en momentos en que, se sabe, el gobierno está inmerso en una confrontación abierta y escalada contra los grupos del crimen organizado.
No se sabe aún si esta tragedia fue producto de una falla técnica, un error del piloto o si hubo un atentado de por medio. Eso lo arrojarán las investigaciones que tendrán que ofrecer resultados rápidos y contundentes si no quieren que se generalice, como en otros casos, la percepción y las suspicacias que descalifiquen de entrada la versión oficial.
Pero lo que sí está claro es que, para el nivel de funcionarios que viajaban en esa aeronave, y en el contexto de guerra que se libra en el país contra el narcotráfico, hubo serias fallas en la seguridad. Y de eso tendría que haber responsables.

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Astillero (Julio Hernández López)

El mejor promotor de la hipótesis del atentado es el propio gobierno federal. La insistencia oficial en que no hay cabida más que para pensar en lo accidental ha generado una rápida propagación del espectro de las conspiraciones, con material especulativo que va desde las dudas respecto de la verdadera identidad de los irreconocibles restos calcinados hasta las razones políticas que habrían estado detrás de las presuntas maquinaciones en las que, según esos ánimos públicos desatados, habrían podido participar intereses petroleros traicionados o venganzas de narcotraficantes (sobre todo por la detención de El Rey Zambada), o maniobras de falsa desaparición para luego disfrutar riquezas acumuladas, e incluso ajustes internos de cuentas o pleitos despiadados entre derechistas desesperados por seguir en el poder. De la aparición de esas y otras variantes de la imaginación colectiva ha de responsabilizarse al mal manejo de la crisis del Learjet que ha hecho la administración felipista, en particular su nada confiable secretario de comunicaciones y transportes, el transexenal Luis Téllez, que produce suspicacias en la misma proporción en que se ha aferrado desde unas horas después del accidente aéreo a instalar la teoría del tirador solitario, perdón, del accidente como opción solitaria, sin practicar la necesaria apertura a todas las variables que un investigador honesto y sin consigna habría de mantener cuando menos durante el lapso inmediatamente posterior a un suceso tan altamente polémico. Y la rapidísima campaña de información internacional organizada por la normalmente lenta y aguada cancillería, como si una orden superior estuviese conminando a ciertos subordinados a luchar para asentar con fuerza la idea del accidente como posibilidad única.
Otra falla evidente del felipismo es la pretensión de transmutar un pasivo político de horas atrás (el secretario de gobernación en vías de ser reacomodado, el conflicto de intereses en el tema de los negocios petroleros, el padre protegido en indagaciones sobre lavado de dinero) en un activo al que mediante homenajes de cúpula y certificados postmortuorios de buena conducta se busca convertir en una especie de héroe panista de la desmemoria cívica, en ejemplar caballero andante de la hipocresía que para no perturbar los convencionalismos fúnebres prefiere olvidar el historial de ciertos difuntos para centrarse en aspectos que con benevolencia son maquillados, descafeinados u ocultados. El PAN-gobierno está usando la muerte de uno de sus personajes más cuestionables para tratar de construir un presunto mártir en tiempos previos a las elecciones más difíciles para ese binomio decadente. Calderón está pensando en el grupo, en la facción, en los amigos y sus intereses (al respecto, Juan Manuel Rodríguez escribió a esta columna: “Calderón no dedicó ni una sola palabra de aliento o consideración por las víctimas peatonales del accidente. No ofreció hacerse cargo de ellas y su pena. Estaba ensimismado. Era el presidente de unos cuantos cuates, no de los mexicanos, como pretende ser. Por otra parte, sus palabras y su gesto no corresponden al impacto de una muerte accidental, sino al de un acto de guerra. Guerra que él declaró, sin consultarnos. Entonces, tal vez considera que los muertos peatonales son sólo daños colaterales. No respondió como el presidente de los mexicanos, sino como el presidente y gran cuate de Mouriño. ¿Responderá como Aquiles ante la muerte de Patroclo?”)
Devastado por el golpe directo a su círculo íntimo, sin la agilidad política necesaria, el michoacano deja que asuma provisionalmente la secretaría de gobernación el empresario lechero Abraham González Uyeda, el dueño del rancho de la zona conurbada de Guadalajara en donde se produjo el destape del entonces secretario de energía que luego sería despedido por un Vicente Fox que pretendió regañar por ese acto al entonces gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, que siempre ha sido el verdadero jefe de González Uyeda, a quien pretenden convertir en 2009 en candidato plurinominal a diputado local para que coordine la fracción blanquiazul del congreso tapatío, mientras Ramírez Acuña busca la diputación federal de Zapopan para pelear la coordinación de la bancada panista en San Lázaro y, aunque usted no lo crea, intentar desde allí la postulación a la Presidencia de la República en 2012. La caída del jet que provenía de la plaza estatal vendida a los zetas también permitió maniobrar para abollarle un poco la corona al jefe mínimo de la contrarrevolución, Plutarco Elías Fox, que se organizó la llamada Cumbre San Cristóbal en el monumento a la corrupción llamado Centro Fox, donde se reunirían líderes pertenecientes a la Internacional Demócrata de Centro, pero a la cual ya no irá la plana mayor calderonista, dedicada a organizar los homenajes de hoy y el próximo domingo. Las puntualizaciones del caso fueron hechas por el aspirante al relevo en Bucareli, Germán Martínez, que desde allí comenzaría a tejer sueños presidenciales.